30 may. 2017

Las vueltas que damos en el edredón de tu cama

No tenía mucho para darle: unas alas rotas, media sonrisa y un poco de helado.
Parecía de esas personas que no saben si necesitan ser rescatadas o rescatarse a sí misma.
Pero por aquel entonces, me daba igual quién tirase del salvavidas, si yo, o él.

Me salvaba cada día con mensajes, con canciones, con abrazos y luego, con besos.
Yo misma sé que guardabamos mensajes encriptados. 
Todos, todos, para decirme "Te quiero". 
Cuando me decía "Solo tienes ojos", se dejaba delatar por cualquiera de sus gestos en una terrible muestra de cariño -de la que perdía miedo cada día.

Y a fin de cuentas, era un miedo bonito.

Veíamos la tele a ratos, hacíamos el amor sin freno y al final, me miraba con esos ojos. 
Los ojos de alguien que tiene un tesoro.

Entonces comprendí que tenía toda la vida para quererme y no dejarle ir.