6 sept. 2017

Comfort Zone

Como te dije, escribo mejor cuando todo está gris, y hoy está todo absolutamente gris. Gris y tú.
Es cómo cuando sabes que pierdes a alguien, que lo estás perdiendo y estas disfrutando lo poco que queda de la relación. Aunque solo sea disfrutar el adiós, duele tanto, que parece hasta bonito.
Bonito, porque no te veo desde hace días, e incluso eso me reconforta, porque por fin puedo ver tus dos pupilas verdes. No espero que lo entiendas, porque ni yo sé contartelo, pero me da mucho miedo.
Miedo, coraje y vergüenza, por no haberte cuidado lo suficiente.

Es de esas veces en las que deseo que nos volvamos a encontrar en el camino, quizá yo más valiente, quizá tu menos inseguro, quizá menos kilometros, quizá todo más posible.

Pensaba que ya no dolía tanto, porque hemos tenido tantas amarillas, que ni me quedarían lágrimas. Pero no es así.

Lo siento, gracias y te quiero.

30 may. 2017

Las vueltas que damos en el edredón de tu cama

No tenía mucho para darle: unas alas rotas, media sonrisa y un poco de helado.
Parecía de esas personas que no saben si necesitan ser rescatadas o rescatarse a sí misma.
Pero por aquel entonces, me daba igual quién tirase del salvavidas, si yo, o él.

Me salvaba cada día con mensajes, con canciones, con abrazos y luego, con besos.
Yo misma sé que guardabamos mensajes encriptados. 
Todos, todos, para decirme "Te quiero". 
Cuando me decía "Solo tienes ojos", se dejaba delatar por cualquiera de sus gestos en una terrible muestra de cariño -de la que perdía miedo cada día.

Y a fin de cuentas, era un miedo bonito.

Veíamos la tele a ratos, hacíamos el amor sin freno y al final, me miraba con esos ojos. 
Los ojos de alguien que tiene un tesoro.

Entonces comprendí que tenía toda la vida para quererme y no dejarle ir.